Jojo Rabbit, el peligro de la propaganda política

La comedia del régimen nazi no brilla por su sátira, sino por su mensaje directo contra aquellos se dejan llevar fácilmente.

Taika Waititi, el director y guionista de esta película, demuestra que la comedia es un gran recurso para contar historias, a pesar de que éstas no sean siempre color de rosa, pues aunque su filme tiene momentos de carcajadas, no podemos olvidarnos que se desarrolla en plena guerra, y las consecuencias de la misma están presentes incluso para nuestro protagonista, un niño de 10 años.


La introducción es un punto clave en la película, pues vemos como Hitler, el hombre que inició la segunda guerra mundial, es considerado un héroe en su nación. Culturalmente es sabido que este hombre era un gran orador, pero el fanatismo de sus seguidores queda representado en escenas particulares de la introducción.


¡Escucha nuestro podcast sobre Jojo Rabbit!


Dicho fanatismo, es plasmado en el amigo imaginario de Jojo, un Hitler torpe pero que mantiene rasgos claros del nazismo, haciendo a este personaje, una gran crítica hacia aquellos que enaltecen ciegamente a líderes sociales, deportivos, o religiosos.


Es fácil reírnos en cada descripción que Jojo da sobre los judíos, pero el fenómeno de pensamientos tan radicales a culturas diferentes no está tan alejado de nuestra realidad. Tan solo pensemos cuantos prejuicios no pasan a diario por nuestra cabeza, desde el miedo a ser violentado por alguien que tiene tatuajes, hasta el señalamiento infundamentado a personas con capacidades diferentes.


Jojo Rabbit (Taika Waititi, 2019) es una cachetada con guante blanco, un señalamiento muy elegante a lo tonta que puede ser una ideología, y a lo ridículos que podemos vernos si no nos detenemos a cuestionar de ves en cuando.


¿Quieres saber más sobre Jojo Rabbit? ¡Checa mi análisis de la película!



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